Elegir, en eso consiste la vida. Decidir que camino tomar y abstenerse al paisaje que te tocará ver.
Cuando la elección esta en algo que amas, en dos cosas que sencillamente darías todo, la conciencia se apaga dejándote vulnerable, que la elección sea del corazón, que eligas por pura impulsividad del alma.
Se te aprieta el pecho, las lagrimas mojan tu cara, tu nariz se tapa, tus ojos arden y tu cabeza explota de tanto llorar. Llorar, como si eso te pudiera ayudar a decidir. Volver a cuando eras chico que llorabas para que tu mamá solucionara tus problemas. Pues no, ahora no. Crecer se basa en eso, madurar es crecer. Es saber que la vida se basa en elecciones.
Que quiero ahora, que quise ayer, que quiero para mañana.
Desde el punto de amor por experiencias vividas con la idea de seguir viviéndolas o dejar esa experiencia o ir por otra, mucho mas grande, mas rica en toda su expresión.
Que puertas cerrar, que puertas abrir. Por cual salir y empezar a caminar. Por cual entrar y dar todo para que no cierre rápido o nunca lo haga.
Elegir, en eso se basa la vida. El destino para mi existe pero lo construimos nosotros con cada decisión. Lo que hoy elijo tendrá su consecuencia en el futuro. Pero si aparece para que lo elija es por algo.
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